Querida “mami de Lima”, solo son ciclos, no remolinos….

Agosto, mi mes, y el mes de mi “mami de Lima” empezó duramente, con retos que enfrentar, tristezas que sobrellevar y la necesidad de dibujar nuevos caminos o aclarar un poco, (¿o tal vez mucho?), los existentes. A comienzos de mes nos internaron en el hospital casi al mismo tiempo, a ella en Lima, a mi en Madrid…. no pude viajar para despedirme, por eso ahora va este post recordándote.
Las memorias más lindas que tengo de mi abuela Esther son, como suele suceder, de cuando era niña. La persona que más admiraba, una mujer fuerte, independiente, alegre, hermosa, coqueta. Siempre lucía”demasiado joven para su edad”. Tan vanidosa que al salir de una cirugía por cáncer lo primero que pidió fue que le pintasen los labios. Una heroína. Hija de inmigrantes vascos llegados al Perú, que se quedó huerfana de muy pequeña y pasó por muchas vicisitudes durante su infancia. Tuvo una relación muy particular con los sevicios asistenciales de la iglesia católica de entonces, lo que explica en buena parte el laicismo y anticlericalismo que me transmitió .
(Para situarnos, mi “mami” vivió su niñez y juventud durante la ”República Aristocrática” y fue testigo de las transformaciones más importantes ocurridas en el Perú del siglo XX: la reforma agraria del velasquismo, que marcó el fin definitivo de la aristocracia heredada de la colonia y cambió para siempre el rostro del país, el desarrollo urbano, la modernización, el surgimiento de nuevas clases emergentes y nuevos partidos políticos y como no, la extensión de derechos civiles y el gradual proceso de independencia de la mujer. Tambien vivió el terrorismo asesino de Sendero y la guerra civil de los 80’s y 90’s, la dictadura de fujimori, al que llegó a ver tras las rejas (que alegría!). Fue testigo de los procesos de migraciones internas, (ella misma migró un par de veces) y de las externas (sus cuatro nietos hemos emigrado en algún momento), de la conformación de un país pluriracial y mestizo cuya mejor expresión ahora se encuentra en la emergente, mestiza y cosmopolita Lima de hoy. Mi “mami” alcanzó a ver como en Perú pasamos de los bombazos de sendero a disfrutar del “boom” de nuestra gastronomía, cine, literatura, moda, economía, arte y cultura en general).
De jovencita enfermó y fue a parar a Jauja, formó parte de la efervescencia cultural de la época en esa
ciudad mágica de clima benigno a donde llegaban muchos inmigrantes europeos para curarse de enfermedades respiratorias. Cuentan que por entonces tuvo muchos admiradores y que las gentes se asomaban al sanatorio para contemplar su belleza. De hecho en su velorio le salieron varios admiradores, algunos bastante menores que ella. Se casó con mi abuelo Pedro y empezó tal vez la etapa más tranquila de su vida hasta enviudar. Allí en Jauja donde por alguna razón se podía sintonizar “Radio Rebelde” y escuchar a Fidel todas las tardes, conoció la revolución cubana y decidió convertirse en “una persona de izquierdas”. Sentimiento que comparto aunque en mi caso combinado con una fuerte vena de liberalismo político.
Después de la muerte de mi abuelo regresó a Lima. Tenía que salir adelante y ayudar a sus hijas, asi que montó un negocio. Unos cuantos en realidad porque en su vida tuvo varios restaurantes. Pero el que más recuerdo yo es el concurrido y alegre ULA, cerca del Estadio Nacional. El ULA fue mi primer trabajo. Era muy pequeña para llevar los platos de comida que salían sin parar de la cocina, cada cual más “tai pa” (bien servido en jerga chino peruana) que el anterior. Pero tenía a mi cargo llenar los azucareros, doblar las servilletas y la parte más importante: espiar. Espiaba a los restaurantes de al lado para saber cuantos comensales tenían, cual era el “menú del día” y si nos habían robado a algún cliente. También espiaba a los clientes para saber sus opiniones sobre la comida, si estaba bien servida, si les gustaba, etc.
Las conversaciones más importantes con mi abuela las tuve en el ULA. Me dijo varias frases sobre la vida que con el tiempo comprobé increiblemente ciertas. Una vez me dijo que lo que más deseaba era volver a tener 25 años. En aquel momento la frase me sonó a chino, yo no tenía ni diez, no imaginaba tener 25 y en que se diferenciaría ser de 20, 30 0 40 años. Pero hace poco, mientras estuve en Berkeley comprobé una vez más (y con bastante miedo) que sus frases sí que eran proféticas. Me pasó eso de desear con toda el alma tener nuevamente 25, o mejor aún 24 o 23 años. La verdad no había deseado algo tanto en los últimos tiempos.
Pero quizás lo más importante que me inculcó mi abuela (y mi madre) es a ser autónoma e independiente. “En tu vida debes procurar valerte por ti misma, no depender nunca de nadie”, “si quieres que algo salga bien, hazlo tú misma”, “todas las cosas se pueden lograr si uno se esfuerza” me decía en esa época del ULA. Y la verdad es que gracias a ella y a mi madre he tenido la suerte de criarme en un entorno familiar muy poco tradicional, por suerte nada tribal, donde practicamos una infinita y desinteresada solidaridad que nunca fue obstáculo para promover la autonomía y respetar el espacio de cada nucleo familiar y dentro de ellos, de cada persona. Mi mami era una persona individualista, en el buen sentido de la palabra, le gustaba su espacio, su privacidad, su libertad de decidir que hacía con su tiempo. Lo que nunca impidió que fuese increiblemente amorosa y solidaria con nosotros.
Mami de Lima, recuerdo con tanto cariño los tiempos del ULA, cuando pusiste la rocola de música que funcionaba con monedas. Por las tardes se armaba la pachanga y los comensales bailaban con canciones como “Tabaco y Ron” , “Azuquitar pal Café” y “Remolinos”. Fue un éxito, los restaurantes de la competencia se quedaron vacíos!. Una vez, escuchando esta última canción me dijiste que cuando eras joven pensabas que la vida iba mejorando con el tiempo, pero que habías descubierto que no era así, que la vida era como un remolino que nos iba enredando y enredando, hasta que todo se acababa. Me asusté mucho con esa idea, auqnue era contradictoria con la forma como bailabas y disfrutabas la canción. Solo se que desde entonces he procurado evitar que me pase a mi.
Agosto empezó duramente, como decía al comienzo, en realidad yo ya estaba tristona desde que regresé de Berkeley, donde fui increiblemente feliz. Sabía que esa estancia era solo una burbuja, un momento en mi vida…. y como suele suceder….por mucho y muy intensamente que se deseen las cosas, no podemos tenerlo todo ¿verdad? Especialmente en mi caso, que ya tengo tantas cosas buenas que agradecer y disfrutar! Entramos al hospital casi al mismo tiempo, pero solo yo sabía que iba a salir, (aunque confieso que de la forma en que funciona la sanidad madrileña en algún momento tuve dudas importantes).
Pero mientras estaba en el hospital pensaba mucho en ti, en que ya no nos veriamos, en que debí pasar más tiempo contigo en diciembre, pero sobre todo pensaba en los remolinos porque me he dado cuenta mami, que la vida no es como remolinos, que solo son ciclos, que empiezan, que terminan, que a veces se superponen un poco y nos confundimos, como me pasó en Berkeley. Y ahora me toca, nos toca a todos empezar un nuevo ciclo donde ya no estarás fisicamente pero te llevaré en el corazón y sobre todo en la fuerza para continuar buscando la felicidad y la autonomía. Me has pasado la posta, te lo debo. Descansa en paz Mami de Lima, aprovecha ahora que los remolinos se acabaron. Mañana en mi cumpleaños, me pintaré los labios y tomaré un buen pisco en tu honor. Salud!
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